En la noche del miércoles volvieron a oírse cacerolazos en distintos puntos del Gran Santo Domingo, en una tercera jornada seguida de protesta ciudadana que refleja el contraste entre el discurso de gestión y el descontento acumulado por medidas que parte de la población considera lesivas para sus derechos.
La convocatoria, promovida por ciudadanos, agrupa rechazos al proyecto del nuevo Código Penal, la llamada «ley mordaza», la reforma fiscal y los abusos policiales. La continuidad de las manifestaciones somete a revisión pública decisiones que, en vez de desactivar la tensión, han terminado elevando el costo social y político del momento.
Los organizadores dijeron que los cacerolazos seguirán hasta este jueves desde las 8:00 de la noche e invitaron a la población a participar desde sus comunidades. Para esa misma jornada también está prevista una concentración en la Plaza de la Bandera por las mismas demandas, otra señal de que la sociedad civil mantiene la presión ante respuestas oficiales que no han conseguido contener el malestar.
En los últimos tres días, las protestas se han replicado en varios sectores del Gran Santo Domingo, donde residentes han usado ollas, calderos y otros utensilios para expresar su rechazo. La secuencia de movilizaciones refuerza una alerta institucional: cuando se acumulan objeciones por impuestos, libertades y abusos, el ruido en las calles deja de ser un episodio aislado y pasa a convertirse en un reclamo de rendición de cuentas sobre las prioridades reales del poder.
