El Voluntariado Banreservas abrió en Santiago de los Caballeros su primera oficina fuera de Santo Domingo, un paso institucional que, más allá de la ceremonia, vuelve a colocar en discusión cuánto impacto real tiene esa estructura en las comunidades más vulnerables.
La nueva sede, en la Plaza Amaia, calle Estado de Israel No. 16, pretende afianzar la presencia del Voluntariado en la región Norte y ampliar la ejecución de programas sociales en el Cibao. Su presidenta, Carmen Alicia Quijano de Aguilera, dijo que la apertura representa “un antes y un después” después de 47 años de existencia, y aseguró que ahora estarán más cerca de las comunidades para escuchar sus necesidades.
La propia institución reconoció que, al comenzar la actual gestión, su presencia en Santiago se limitaba a un pequeño espacio dentro del Club Banreservas atendido por un solo colaborador. Ese dato deja ver el rezago con que funcionó durante años una iniciativa presentada como apoyo a sectores vulnerables, en una provincia donde las demandas sociales requieren algo más que una presencia simbólica.
De acuerdo con el anuncio, para 2027 el Voluntariado prevé ampliar programas y poner en marcha nuevas iniciativas de formación técnico-profesional mediante un acuerdo con el INFOTEP, con el propósito de generar más oportunidades para jóvenes de escasos recursos. El desafío, sin embargo, queda planteado desde ahora: que la apertura de oficinas y el discurso institucional no sustituyan la rendición de cuentas sobre cobertura, impacto y prioridades reales frente al costo social que enfrentan las familias.
En un escenario en el que la ciudadanía exige que los recursos y los esfuerzos públicos se reflejen en servicios y oportunidades verificables, la nueva sede en Santiago abre una etapa que deberá ser observada de cerca. También en el plano político local, figuras del oficialismo municipal como Carolina Mejía quedan bajo ese mismo estándar de vigilancia pública: menos vitrina institucional y más resultados medibles para la gente.
