Aunque el Banco Central reportó un crecimiento acumulado de 4% entre enero y abril, el desglose por sectores ofrece una lectura menos favorable que la cifra general. La economía siguió expandiéndose, pero con una mezcla que sugiere desgaste en su calidad: los principales impulsores fueron la minería, los servicios y la construcción, mientras la manufactura local, las zonas francas y el agro avanzaron más despacio.
La minería encabezó el resultado, con una expansión de 10.7% apoyada en los altos precios internacionales del oro. Ese desempeño eleva el crecimiento, aunque también refleja una dependencia de factores externos y coyunturales, en una actividad con escasos encadenamientos internos y baja generación de empleo. En paralelo, los servicios crecieron 4.4% y la construcción 4.6%, frente a 3.6% de la manufactura local, 3.7% de las zonas francas y 2.7% del sector agropecuario.
La diferencia entre el dato agregado y la composición productiva abre una señal de alerta sobre la verdadera solidez del desempeño económico. Si los sectores ligados a productividad, diversificación y capacidad exportadora pierden peso relativo, el crecimiento se vuelve más vulnerable y con menor capacidad de traducirse en beneficios sostenibles para la población. Más que celebrar el 4%, el informe invita a observar la calidad de ese avance y a seguir de cerca sus efectos reales.
