El crecimiento de la conectividad en República Dominicana ha venido acompañado de una expansión sostenida de la ciberdelincuencia, un riesgo que ya afecta tanto a ciudadanos como a grandes corporaciones y que coloca sobre la mesa la necesidad de reforzar la vigilancia institucional. Según expuso Juan Santiago de la Mota, asesor y consultor de seguros, en la última década el país ha registrado un incremento continuo de estos ataques, impulsado por el uso masivo de herramientas digitales y por una superficie de riesgo cada vez mayor.
El cambio acelerado hacia los canales digitales, profundizado tras la pandemia del coronavirus, amplió esa exposición. Datos del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel) indican que los usuarios de internet crecieron en 182,296 durante este periodo, hasta alcanzar 8,947,594 dominicanos conectados a marzo de este año, cerca del 80% de la población. En ese escenario, De la Mota advirtió sobre modalidades como el ransomware, basado en el secuestro de información a cambio de un rescate económico, y el phishing, utilizado para obtener datos sensibles mediante engaño. La alerta también alcanza al plano local. De la Mota señaló que los métodos de infiltración son cada vez más sofisticados y que un correo electrónico, un SMS o una llamada telefónica pueden bastar para comprometer sistemas completos.
Aunque muchas empresas prefieren no divulgar los incidentes para proteger su reputación, estos ataques ocurren con frecuencia en el país, un dato que refuerza la exigencia de prevención, fiscalización y respuestas más efectivas frente a un problema con impacto financiero y social creciente.
