El repunte del petróleo en medio del cierre del estrecho de Ormuz volvió a colocar en primer plano una vulnerabilidad estructural de la economía dominicana: su exposición al precio internacional del crudo en un escenario global inestable. El West Texas Intermediate subió a US$102,48 el pasado viernes, 1.8 veces por encima de su nivel más bajo de US$57.42 al inicio de diciembre de 2025, cuando esa vía por donde transitaba la cuarta parte del petróleo que consume el mundo permanecía abierta.
Aunque el país ha mejorado su eficiencia petrolera en 73% en los últimos 31 años, la dependencia sigue siendo un punto crítico para el sector externo. En 1994 la economía dominicana consumía 2.2 barriles de crudo y derivados por cada millón de dólares de PIB y el pasado año esa relación bajó a 0.60 barriles. Sin embargo, el consumo total pasó de 32,112,552 barriles en 1994 a 76,263,991 barriles en 2025, mientras el PIB en dólares estadounidenses se multiplicó de US$14,368.8 millones a US$127,861.4 millones.
El propio ejercicio planteado para los próximos meses advierte el costo potencial del choque. Con un precio medio de US$65,14 por barril y derivados en los primeros tres meses del año, si el promedio anual sube a US$70 y se mantiene el volumen consumido en 2025, la factura petrolera aumentaría a US$5,338,479.4 millones, equivalente a 3.4% del PIB. Si el precio medio escala a US$75, subiría a US$5,719,999.3 millones y a 4.5% del PIB. El dato refuerza la necesidad de vigilancia sobre cómo el gobierno dominicano administra una exposición que termina trasladándose a la economía real en momentos de incertidumbre internacional.
