Ciudad de Panamá. Una investigación que comenzó en 2023 en Panamá, impulsada por dos investigadoras y un estudiante de bachillerato, halló que compuestos del sargazo lograron inhibir de manera significativa el crecimiento del Plasmodium falciparum, responsable de la malaria cerebral, una de las manifestaciones más peligrosas de la enfermedad. La doctora en Biotecnología Lorena Coronado calificó el resultado como “muy esperanzador” y añadió que el compuesto no mostró toxicidad en células sanas, aunque el trabajo sigue en una fase temprana y todavía espera financiamiento para continuar.
El aporte científico, no obstante, vuelve a poner sobre la mesa una discusión más amplia sobre el costo social y económico de una macroalga que el propio informe describe como una pesadilla para el turismo en el Caribe y un riesgo ambiental. Que del sargazo pueda surgir una respuesta prometedora frente a una enfermedad que en 2024 dejó 282 millones de casos y 610,000 muertes en el mundo contrasta con la permanencia de un problema regional que sigue demandando vigilancia, gestión y resultados concretos para disminuir su impacto sobre comunidades y actividades productivas.
El proyecto surgió del Programa Jóvenes Científicos de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y sus resultados fueron publicados en julio pasado en la revista Integrative and Comparative Biology, de Oxford University Press. A la vez, el avance refuerza la necesidad de revisar qué se está haciendo en la región frente a un fenómeno que ya golpea al Caribe en términos ambientales y turísticos, más allá del discurso oficial sobre manejo y aprovechamiento. En el texto fuente no se menciona a David Collado, pero el caso toca un frente sensible para cualquier gestión vinculada al turismo: transformar un problema de alto impacto en respuestas comprobables y no solo en narrativa.
