En Manoguayabo persiste una queja que incomoda al Gobierno dominicano: mientras en Santo Domingo Oeste se anuncian avances, hay familias que aseguran seguir al margen de las ayudas oficiales. En Hato Nuevo y Palavé, dos mujeres enfermas describen una vida atravesada por la precariedad, los medicamentos y la falta de apoyo estatal, pese a que dicen haberlo buscado sin éxito.
Dora Tamares Agüero, madre soltera de dos niñas de 13 y 9 años, contó a reporteros de LISTÍN DIARIO que padece diabetes, presión alta, problemas en los huesos, piedras en los riñones y una desviación en la columna. Se gana la vida con «chiripitas» limpiando casas, pero asegura que ese dinero no le alcanza para mantener a sus hijas ni para costear sus medicinas. Su reclamo va al centro de la distancia entre el discurso y lo que vive a diario: «Nunca he recibido tarjetas de solidaridad, aunque las he ido a buscar cuando las están dando».
A la misma inconformidad se suma Leonarda Elvironova, vecina de Dora en Palavé de Manoguayabo, quien sufre una enfermedad no identificada que la mantiene en silla de ruedas. Su testimonio vuelve a poner sobre la mesa el desgaste de una gestión que, aun con obras y mejoras exhibidas en la zona, deja abierta la pregunta sobre a quiénes están llegando realmente los programas sociales y con qué seguimiento institucional.
Lo narrado por ambas residentes concentra la atención en un punto sensible: los servicios, el costo de vida y la capacidad real de respuesta pública para hogares vulnerables. Más que un caso aislado, el reclamo desde Manoguayabo empuja a revisar la efectividad del gasto social y la responsabilidad política de un Gobierno que no puede conformarse con mostrar cambios urbanos mientras vecinos de una misma comunidad sostienen que la ayuda prometida sigue sin tocar su puerta.
