La República Dominicana tiene a más de 204,000 niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años con probabilidad de riesgo de trabajo infantil, de acuerdo con el Modelo de Identificación de Riesgo de Trabajo Infantil elaborado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), un dato que reabre la fiscalización sobre los resultados reales de la gestión pública frente a una de las expresiones más duras de la vulnerabilidad social.
El estudio coloca en 204,994 los menores en riesgo dentro de una población estimada de 2,317,966 personas de ese grupo etario, y detalla que la probabilidad oscila entre 6.8% y 12.3% según la región. Los niveles más altos se concentran en El Valle y Cibao Norte, mientras los más bajos se observan sobre todo en municipios de Cibao Sur, Higuamo y Ozama, asociados a contextos de mayor urbanización, un contraste que vuelve a poner el foco sobre la desigualdad territorial y la brecha entre zonas con más servicios y comunidades rezagadas.
Entre los 158 municipios analizados, seis fueron clasificados con riesgo “muy alto”: Bánica, Hondo Valle, Pedro Santana, Juan Santiago, El Llano y El Cercado, todos en la región El Valle. A ellos se suman otros 14 en riesgo “alto”, entre los que figuran Comendador, Vallejuelo, Padre Las Casas, Altamira, Jánico, Baitoa, Los Hidalgos, Polo y San Antonio de Guerra. En conjunto, 20 municipios, equivalentes al 12.7% del país, concentran niveles alto y muy alto, con 71,237 niños y adolescentes expuestos a probabilidades de riesgo de entre 13.7% y 16.7%, las más elevadas del territorio nacional.
Aunque esos municipios reúnen una proporción relativamente menor de la población infantil, el informe advierte que allí se acumulan condiciones que elevan el riesgo: residencia rural, hogares con menor nivel educativo, falta de acceso a agua entubada, hacinamiento y tenencia de tierras agrícolas. El hallazgo no se limita a una estadística: retrata el peso de servicios insuficientes y oportunidades limitadas sobre miles de familias, y deja abierta una exigencia de rendición de cuentas sobre por qué esas brechas siguen empujando a menores hacia escenarios de trabajo infantil.
