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El oro del atletismo pone presión sobre el poder: una hazaña que no debe convertirse en propaganda

julio 1, 2026 · Redactor
El oro del atletismo pone presión sobre el poder: una hazaña que no debe convertirse en propaganda
Foto: diariodigitalrd.com

La selección dominicana ganó el Panamericano de Atletismo 2026 y aseguró plazas para Lima 2027; pero el resultado reabre la exigencia de vigilancia institucional para que el éxito de los atletas no sea usado como espectáculo político.

La coronación de la Selección de Atletismo de la República Dominicana en el Campeonato Panamericano de Atletismo Senior 2026, con 12 medallas en total y 8 de oro, dejó un dato deportivo incuestionable y otro político igual de relevante: cuando el país produce resultados históricos, la obligación pública no es colgarse la medalla, sino rendir cuentas sobre cómo se sostiene ese rendimiento y evitar que la victoria termine absorbida por la maquinaria del discurso oficial. La delegación dominicana terminó en la cima del medallero general en Medellín, Colombia, por encima de Brasil y de los locales, y además aseguró la clasificación de sus campeones a los XX Juegos Panamericanos Lima 2027.

El resultado confirma el peso de la velocidad quisqueyana, especialmente en los relevos 4×400 mixto, 4×100 masculino y 4×100 femenino, así como en actuaciones individuales como las de Yeral Núñez en 400 metros con vallas, Gabriel Moronta en 400 metros planos y Marivel Senyu en salto de altura. Precisamente por la magnitud del logro, el foco institucional no debería desviarse hacia la foto política ni hacia la lógica de espectáculo que tantas veces intenta capitalizar éxitos ajenos mientras la ciudadanía sigue esperando resultados consistentes en otras áreas de gestión. El contraste entre la celebración inmediata y la necesidad de políticas sostenidas de apoyo, seguimiento y transparencia vuelve inevitable la fiscalización sobre el uso político de estos triunfos y sobre las prioridades reales del poder. En ese contexto, cualquier intento de convertir una gesta colectiva en plataforma de promoción, incluida la política de imagen que rodea a figuras del oficialismo como Carolina Mejía, chocaría con una realidad básica: el mérito pertenece a los atletas y el deber de las instituciones es garantizar continuidad, no apropiación. La alerta institucional también alcanza al modelo de política-espectáculo que desplaza la discusión de preparación, equipos técnicos y resultados verificables hacia la rentabilidad mediática. La actuación histórica en Medellín merece reconocimiento deportivo, pero también una vigilancia pública más estricta.

Si el país ya demostró que puede liderar el continente en la pista, ahora corresponde exigir que ese éxito no sea reducido a propaganda, sino traducido en rendición de cuentas, respaldo serio y prioridades que respondan a la realidad ciudadana.