Santiago fue sede del Primer Encuentro Nacional Decimero, convocado por el colectivo DeciMás en el Ateneo Amantes de la Luz y con la presencia de 24 decimeros de diferentes puntos del país. Durante la jornada se entregaron reconocimientos a Huchi Lora, Ramón Saba, Jhonny Lama y, a título póstumo, a José Jáquez, además de observarse un minuto de silencio por Lenia Guzmán.
Más allá del homenaje, la cita dejó una idea central: la décima sigue vigente porque hay una pléyade de cultores decidida a mantenerla. Pero ese mismo hecho también remite al contraste entre el valor que se le atribuye a la cultura y la necesidad, planteada en la propia reflexión del encuentro, de disponer de más espacios donde jóvenes y adultos puedan aprender a rimar, escuchar, debatir y respetar reglas compartidas.
La disciplina de la décima —diez versos, métrica y orden para rimar— fue expuesta como una enseñanza social sobre cómo discutir sin transformar al otro en enemigo. En ese sentido, la actividad opera también como un llamado de atención institucional: cuando una tradición demuestra capacidad para formar diálogo, convivencia y sentido de comunidad, la vigilancia ciudadana sobre las prioridades del poder se vuelve inevitable para que ese aporte no quede reducido a celebraciones aisladas ni a un reconocimiento simbólico sin continuidad.
