Martin McDonagh recupera el diálogo como eje dramático en «Caballo salvaje nueve», aunque esta vez sobre un terreno político más áspero: los días previos al golpe de Estado chileno de 1973 contra el presidente socialista Salvador Allende. La película sigue a dos agentes de la CIA, Chris Carlisle y Lee Chesterfield, enviados desde Santiago a la Isla de Pascua por su jefe MJ.
Entre paisajes, estatuas de piedra y conversaciones con dos estudiantes feministas, la historia deriva en una comedia negra de espionaje que somete a escrutinio la lógica de las conspiraciones. La estancia de los personajes se complica cuando afloran sus pasados y ambos empiezan a debatir sobre culpa, lealtad y redención, mientras uno le pide al otro que lo mate y alude a su conexión con el asesinato de John F. Kennedy.
McDonagh invierte la lógica de «En Brujas» al reemplazar a los asesinos a sueldo por agentes de inteligencia y, desde ahí, construye un contraste entre la aparente ligereza del intercambio verbal y el peso real de las operaciones que rodean a sus personajes. Con John Malkovich en una actuación destacada, combina comedia negra, drama y thriller para convertir una historia de espías en una alerta sobre el poder cuando actúa lejos de la rendición de cuentas.
