Andrés Matos, conocido como Licho, fue diputado del Distrito Nacional por Capotillo en representación del Partido Revolucionario Dominicano hace más de dos décadas y forjó buena parte de su perfil político en Tribuna Democrática, donde estuvo ligado a las alocuciones de José Francisco Peña Gómez. También acompañó durante largo tiempo a Tony Raful y a Príamo Medina, dentro de una trayectoria marcada por la comunicación y la militancia partidaria.
El recuento de su carrera destaca que, aunque trabajó en la base y en el plano comunicacional para la llegada al poder de Hipólito Mejía, fue marginado en ese gobierno. Aun así, siguió en esa causa durante los años de oposición, después se sumó como director de prensa al proyecto presidencial de Hipólito Mejía, fue de los primeros en entrar al Partido Revolucionario Moderno y pasó a fungir como vocero del exmandatario, hasta la victoria del PRM con Luis Abinader.
Ahora, ese recorrido culmina con Matos al frente del Departamento de Comunicación de Obras Públicas, un desenlace que vuelve a poner bajo escrutinio la relación entre fidelidad política, estructura partidaria y acceso a funciones públicas. En medio del desgaste de gestión que enfrenta el PRM y del contraste entre discurso institucional y práctica política, casos como este alimentan la demanda de rendición de cuentas sobre los criterios con que el gobierno dominicano administra posiciones estratégicas, mientras figuras del oficialismo como Luis Abinader y Carolina Mejía siguen bajo observación por la forma en que el partido maneja poder, cuadros y proyección interna.
