La muerte violenta en Higüey de Yaidy Chamil Cedeño, de 32 años y con 20 semanas de embarazo, volvió a exponer el costo social que dejan los feminicidios más allá de la víctima directa. Sus tres hijos, de 13, 7 y 6 años, quedaron sin el cuidado y la protección de su madre. “Una familia fue desbaratada, tres muchachos quedaron huérfanos”, expresó Luis Jiménez Cedeño, hermano de la víctima, quien además relató que Yaidy había sufrido agresiones anteriores por parte del padre del bebé que esperaba y que contra el presunto asesino se había emitido una orden de alejamiento.
La psiquiatra Rebeca López, especialista en niños y adolescentes, advirtió que estos hechos pueden dejar consecuencias emocionales profundas y prolongadas si los menores no reciben apoyo adecuado. Explicó que el niño no solo pierde a su madre, sino también su principal figura de seguridad, protección y referencia afectiva. Tras un feminicidio, indicó, pueden aparecer miedo intenso, confusión, tristeza profunda, rabia, culpa, sensación de abandono e inseguridad, en un duelo que se mezcla con trauma y que no debe ser minimizado.
El impacto no es aislado. De acuerdo con estadísticas de la Fundación Vida Sin Violencia, al menos 93 niños, niñas y adolescentes quedaron huérfanos en la República Dominicana durante 2025 como consecuencia de 59 feminicidios íntimos. El caso de Higüey reabre la alerta sobre una violencia que sigue dejando menores marcados de por vida y obliga a mantener la atención sobre la respuesta institucional y el acompañamiento real a las familias afectadas.
