América vive en 2026 el momento más tenso de los últimos tres años para el precio de la gasolina, en medio de una escalada internacional que ha devuelto al petróleo su condición de arma económica. La guerra que libran Estados Unidos e Israel con Irán desde febrero, el bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz —por donde circula entre el 20% y 25% del crudo mundial— y los ataques hutíes a infraestructura saudí llevaron el barril por encima de los US$100 en octubre. La consecuencia inmediata cae sobre los consumidores, con un promedio mundial de US$1.59 por litro al 5 de octubre, un 19.38% más que un año antes.
El informe de GlobalPetrolPrices del 26 de octubre de 2026 ratifica alzas en 175 países y márgenes de refinación que llegaron a superar los US$60 por barril por la escasez de oferta. En América Latina, la distancia entre el combustible más barato y el más caro deja además al descubierto el peso de las decisiones públicas: Venezuela vende a US$0.035 por litro por subsidio estatal, mientras Uruguay paga US$2.25. Según el FMI y la Cepal, esa diferencia no responde al crudo, sino a la política fiscal de cada gobierno.
Uruguay sigue como el país más caro del continente y uno de los 20 más caros del mundo, con US$2.25 por litro, en un esquema marcado por la importación total del combustible y una carga impositiva cercana al 45% sobre el precio final, de acuerdo con estimaciones de Cepal y FMI. Barbados figura en segundo lugar con US$2.12 por litro. En un escenario regional de presión sobre los precios, el encarecimiento del combustible vuelve a poner en el centro la fiscalización de la gestión pública y la distancia entre el discurso oficial y el impacto real que termina asumiendo la ciudadanía.
