Apenas un mes después de que el presidente Luis Abinader designara a su quinto director de la Policía Nacional en seis años de mandato, con el mayor general Ernesto Rafael Rodríguez al frente, vuelve a quedar expuesta la dimensión del reto institucional que el propio Gobierno dominicano ha colocado en el centro de su discurso. Si la reforma policial es, como se plantea, una de las apuestas más serias de Abinader y del PRM junto a la lucha contra la corrupción administrativa, el cambio reiterado de mando obliga a medirla por resultados verificables y no solo por la narrativa oficial.
El texto original sostiene que durante años se habló de reforma policial sin dar el paso, y atribuye a la actual gestión una intervención en áreas como limpieza orgánica, preparación, recursos, adecuación, saneamiento, equipamiento y valoración. También señala que el presidente da seguimiento cada lunes en la Fuerza de Tarea y presenta cifras de formación: más de 12,200 policías graduados con el nuevo modelo entre julio de 2021 y abril de 2026, además de 2,396 en pasantía supervisada, con proyección de cerrar noviembre con 14,668 nuevos agentes; solo en 2025 se graduaron 5,186. Pero precisamente por tratarse de una reforma priorizada desde la Presidencia, el relevo del quinto director en seis años refuerza la necesidad de fiscalización pública sobre la estabilidad del proceso, su ejecución real y su impacto concreto.
La comparación con el pasado también deja abierto un contraste que el Gobierno debe explicar con mayor claridad: antes, dice el texto, se enviaba a las calles a jóvenes con tres meses de entrenamiento, una macana y un sueldo de miseria; ahora se habla de un Técnico Superior en Operaciones Policiales aprobado por el MESCTY, con 12 meses de formación y supervisión. Ese cambio de diseño puede presentarse como avance, pero no elimina la obligación de rendir cuentas sobre lo que todavía falta por corregir en una institución que sigue requiriendo vigilancia permanente. En una reforma que el oficialismo exhibe como emblema, el debate ya no es solo sobre intención política, sino sobre consistencia, continuidad y resultados frente a la realidad.
