La Operación XL526 destapó una presunta estructura que, según el Ministerio Público, se dedicaba a estafas, extorsiones y chantajes contra residentes en Estados Unidos desde Santiago, al tiempo que ocultaba el origen del dinero mediante mecanismos pensados para dificultar su rastreo. La pesquisa señala transferencias electrónicas, criptomonedas como Bitcoin, transferencias espejo, depósitos a través de empresas remesadoras y plataformas de pago digital, en muchos casos a nombre de terceros ya identificados.
El despliegue policial incluyó 28 allanamientos simultáneos en Santiago y Puerto Plata y concluyó con 20 detenidos, entre ellos cinco supuestos cabecillas. Aun así, hasta ahora el Ministerio Público no ha determinado la cantidad de dinero que habría movilizado la red, un dato esencial para dimensionar el alcance real de una organización que, de acuerdo con la acusación, tenía su centro de operaciones en Jacagua, Santiago.
La Procuraduría afirma además que la organización utilizaba la exhibición de un alto estatus económico para captar principalmente a jóvenes en Santiago de los Caballeros y áreas cercanas. Para asegurar los cobros, agrega, los imputados recurrían a intimidación y coacción, con graves afectaciones psicológicas para las víctimas y sus familiares. El caso vuelve a poner bajo la lupa la capacidad de vigilancia frente a esquemas criminales que se apoyan en canales financieros y digitales para expandirse y complicar la trazabilidad de fondos ilícitos.
