En una campaña marcada por los tropiezos y sin opciones serias de postemporada, Walbert Ureña ha pasado a ser el principal alivio de los Angelinos. El derecho dominicano, de 22 años, asumió un papel central en Anaheim después de la salida de José Soriano a los Azulejos de Toronto, la lesión de Yusei Kikuchi y el bajo rendimiento de Reid Detmers y Grayson Rodríguez.
Su irrupción no disimula el panorama general, pero sí acentúa la distancia entre lo que produce de forma individual y la falta de respuestas del conjunto. En 22 presentaciones, 20 de ellas como abridor, Ureña ha trabajado 107.2 entradas, ha permitido 39 carreras, 32 de ellas limpias, y muestra efectividad de 2.67. Además, ha reducido a sus rivales a un promedio de bateo de .199 y slugging de .281, con apenas seis cuadrangulares tolerados entre 20 extrabases.
«La mentalidad, creo que he madurado bastante en lo que es el juego. Un trabajo más inteligente. He venido trabajando con mi mecánica, mi control, que es lo más importante para mí. Tengo un buen staff y creo que debo seguir confiando más que todo en eso», dijo Ureña al ser entrevistado en un Chin de Pelota. Su constancia, con cinco o más entradas en 16 de sus 20 aperturas y tres carreras o menos en cada una de esas 16 salidas, reafirma su valor actual y futuro, aunque también deja abierta una pregunta de fondo sobre cuánto puede sostener una sola pieza dentro de una estructura que sigue sin dar resultados.
