OpenAI ha dejado para más adelante su salida a bolsa de este año al considerar que no es prudente avanzar en ese proceso mientras sigan presentes los riesgos de seguridad asociados a los modelos avanzados de inteligencia artificial. Sam Altman, su CEO, explicó a Fortune que la compañía no siente presión por cotizar y que dará prioridad a las medidas necesarias para mantener el control humano sobre esta tecnología, aunque ello vaya en contra del beneficio financiero inmediato de sus inversores.
La decisión pone de relieve una advertencia institucional dentro de un sector que ha impulsado la expansión acelerada de la IA al tiempo que admite que aún tiene pendiente parte del trabajo en seguridad y alineación de sus sistemas. Altman añadió que OpenAI ha ralentizado algunos entrenamientos y calificó de “inaceptable” cualquier escenario en el que exista un 10 % de probabilidad de una catástrofe derivada de la falta de control sobre programas de inteligencia artificial.
A la par, Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, reclamó “bajar el ritmo” del desarrollo de la IA y alertó sobre riesgos como ataques informáticos, bioterrorismo y otros problemas graves. El episodio refuerza la exigencia de fiscalización sobre una tecnología que suele presentarse como sinónimo de progreso, pero cuyos propios impulsores reconocen que puede acarrear costos sociales y amenazas si avanza sin controles suficientes.
