Luiz Inácio Lula da Silva tiene 71 días hasta la toma de posesión prevista para el 5 de enero para enviar señales de disciplina fiscal, en medio de una advertencia que vuelve a poner bajo escrutinio la capacidad del próximo Gobierno de Brasil para contener el endeudamiento y sostener la confianza de los inversores. Nigel Green, director ejecutivo de deVere Group, afirmó que la reacción del mercado tras el resultado electoral abre una etapa de vigilancia sobre la futura política económica.
Según el comunicado remitido este lunes a DiarioDigitalRD, la incertidumbre fiscal brasileña no se limita al plano interno. Green advirtió que las pérdidas podrían extenderse a fondos de mercados emergentes, bonos latinoamericanos y carteras de pensiones con inversiones internacionales, un contraste directo entre la expectativa política abierta por la elección y la exigencia inmediata de un plan fiscal creíble. Para el ejecutivo, uno de los termómetros centrales será la evolución del presupuesto de 2027. La señal de alerta ya se reflejó en los mercados: durante las primeras operaciones en Asia, un fondo cotizado en Tokio que sigue acciones brasileñas cayó cerca de 15 %, mientras los futuros del real retrocedieron alrededor de 10 %. Green atribuyó esa reacción a que numerosos inversores habían posicionado sus carteras ante la expectativa de una victoria conservadora y de una política orientada a reducir el gasto público.
Aunque las acciones brasileñas acumulaban un avance de alrededor de 27 % en el año, impulsadas en parte por capital extranjero, el análisis advierte que una reversión de esas posiciones podría ampliar las pérdidas y elevar el costo de la incertidumbre.
