Juan Soto, hoy instalado en la élite de las Grandes Ligas por sus contratos y rendimiento, tuvo que abrirse paso entre obstáculos y sacrificios antes de alcanzar su primer bono. De acuerdo con lo relatado por su entrenador Cristian Batista (El Niche), el entonces prospecto atravesó una ruta marcada por carencias, alta competencia y exigencias físicas y personales en un 2015 descrito como minado de talento.
Batista contó que Soto llegó incluso a alojarse sin permiso en la pensión destinada para novatos, mientras trataba de sostener al mismo tiempo el béisbol y la educación, renunciaba a fines de semana libres y se levantaba de madrugada para subir lomas con el objetivo de mejorar su velocidad. El entrenador, a quien se lo firmaron los Nacionales en ese año, añadió además que el jugador buscaba corregir fallas con la meta de firmar para ayudar a su madre.
El testimonio, ofrecido en Diamante el Podcats, pone el foco en una realidad menos visible del desarrollo de prospectos: detrás del éxito posterior de figuras como Soto hubo trayectos de presión, precariedad y esfuerzo extremo para poder competir en showcases junto a otros talentos de su promoción, entre ellos Vladimir Guerrero Jr., Fernando Tatis Jr. y Oneil Cruz. Más que una historia de brillo inmediato, el caso retrata las dificultades que rodean el camino hacia una oportunidad.
