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Henríquez Ureña rescata una tradición crítica nacida frente a la anexión y el poder

julio 22, 2026 · Redactor
Henríquez Ureña rescata una tradición crítica nacida frente a la anexión y el poder
Foto: acento.com.do

El repaso al período post-restaurador vuelve sobre una generación intelectual marcada por la resistencia política y por una opinión pública que ya exigía referencias culturales de mayor altura.

Pedro Henríquez Ureña sitúa la producción poética dominicana del período posterior a la Restauración en un contexto donde literatura y conflicto político aparecen estrechamente vinculados. Al revisar a los autores de esa etapa, destaca a Encarnación Echavarría y Del Monte, Josefa Antonia Perdomo y Heredia, José Francisco Pichardo, Manuel de Jesús Peña y Reinoso y Manuel Rodríguez Objío, de quien subraya que su mejor canción fue “un Acto de fe religiosa escrito antes de ser fusilado”. El señalamiento remite al año 1871, cuando Objío fue ejecutado bajo el gobierno de Buenaventura Báez, en medio de la Guerra de los seis años y de la pugna contra la pretensión de anexar la República Dominicana a los Estados Unidos.

Ese encuadre no solo ordena una lista de nombres: también coloca en primer plano cómo una parte de la vida intelectual dominicana se desarrolló bajo presión política e institucional. Desde esa lectura, Henríquez Ureña sostiene que a partir de 1870 emerge una nueva generación cuyos líderes fueron José Joaquín Pérez y Salomé Ureña de Henríquez, en un momento en que, según escribió, “la naciente crítica, junto con la opinión pública, reconoció que la poesía dominicana nunca había alcanzado tan altas notas como las que ahora daban José Joaquín Pérez y Salomé Ureña”.

Para reforzar ese juicio, el autor apela a la valoración de Marcelino Menéndez y Pelayo sobre ambos escritores. La referencia funciona como respaldo crítico, pero también como recordatorio de que la cultura dominicana encontró sus puntos más altos en medio de disputas nacionales de fondo. El pasaje reabre así una alerta persistente: cuando el poder político entra en choque con las prioridades del país, la producción intelectual termina siendo también testimonio, vigilancia y memoria de esa tensión.