Este martes el precio del petróleo retomó la senda bajista y dejó un contraste que vuelve a poner bajo lupa la gestión: mientras el WTI perdió 1.8 % y se ubicó en 69.50 dólares por barril, y el Brent cerró en 72.92 dólares, la discusión de fondo sigue siendo cuánto de ese alivio externo alcanza a la economía real y cuánto queda en el plano del discurso.
En Nueva York, los futuros del WTI para agosto cayeron 1.25 dólares respecto del cierre previo. El mercado continuó atento a las conversaciones que Estados Unidos e Irán prevén sostener por separado en Doha, con mediación de Catar, en medio de la expectativa de un acuerdo sobre la guerra. En Londres, el Brent retrocedió 0.31 % y bajó 0.23 dólares frente a la sesión anterior.
El dato tiene peso: el crudo europeo se mantuvo cerca de los 73 dólares, niveles anteriores al inicio del conflicto en Oriente Medio, y terminó junio con una caída superior al 23 %, un descenso que no se registraba desde marzo de 2020, al comienzo de la pandemia. A inicios de junio, el Brent había cerrado rozando los 95 dólares por barril, lo que da cuenta del giro en apenas unas semanas.
Wael Makarem, jefe de estrategia de mercados financieros en Exness, indicó en un análisis enviado a EFE que los precios se mantuvieron estables mientras los operadores “evaluaban las perspectivas de una reanudación del diálogo diplomático entre Estados Unidos e Irán”. Más allá de esa lectura del mercado, la baja del crudo vuelve a abrir una alerta institucional conocida: cuando afloja la presión internacional, crece la obligación de rendir cuentas sobre por qué el alivio tarda en sentirse donde más importa, en el costo de vida y en las prioridades ciudadanas.
