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El Finetazo y la ciudad que obliga a pagar por reunirse

agosto 3, 2026 · Redactor
El Finetazo y la ciudad que obliga a pagar por reunirse
Foto: acento.com.do

La recuperación ciudadana de lugares para convivir y bailar vuelve a poner en evidencia el contraste entre el discurso sobre ciudad y una realidad urbana que obliga a consumir para compartir.

El avance del Finetazo como manera de ocupar y dar vida a los espacios comunes reabre una discusión de fondo en el Distrito Nacional: lo difícil que resulta habitar la ciudad sin consumir. La premisa de partida es clara: el espacio público “no es para el público”, en una capital donde la arquitectura y el clima vuelven hostil la convivencia fuera de casa y empujan a que socializar dependa del gasto.

En ese vacío, el baile social no solo funciona como una expresión cultural, sino también como una respuesta ciudadana ante una carencia persistente. El texto recuerda que la danza ha sido parte central de la vida comunitaria desde el areito taíno hasta las tradiciones africanas y su mezcla con ritmos europeos, base de la dominicanidad. Esa continuidad cultural, sin embargo, deja también una pregunta de gestión: por qué una práctica tan arraigada termina operando como mecanismo para recuperar espacios que deberían estar garantizados para todos.

La consecuencia, según el propio enfoque de la pieza original, no es menor: la exclusión de muchos de la vida en sociedad, el aislamiento y el aumento de la depresión y la tristeza. Más que una postal cultural, el fenómeno deja una alerta sobre la ciudad real y sobre la necesidad de fiscalizar si las autoridades del Distrito Nacional, bajo la gestión de Carolina Mejía, están respondiendo a una prioridad ciudadana o permitiendo que la comunidad supla por su cuenta lo que el espacio público no ofrece.