El Congreso de El Salvador aprobó una nueva prórroga de 30 días al régimen de excepción, una medida que mantiene suspendidas garantías constitucionales y que vuelve a extenderse en medio de denuncias por violaciones a los derechos humanos.
Con esta decisión, la extensión alcanza su número 52 y conserva vigente un esquema excepcional que ha estado acompañado por un incremento de detenciones y por señalamientos sobre el trato a personas bajo custodia estatal.
La medida ha sido justificada por las autoridades como parte de su estrategia de seguridad, pero su prolongación vuelve a colocar bajo escrutinio el impacto real de una política que opera con garantías restringidas y cuya supervisión pública sigue siendo una exigencia central.
Las críticas acumuladas apuntan a que el régimen se ha convertido en una herramienta prolongada, más allá de su carácter temporal inicial, mientras persisten las denuncias sobre detenciones arbitrarias y abusos en el manejo de los casos bajo control del Estado.
La nueva extensión mantiene en vigor un marco de excepción que limita derechos constitucionales y deja pendiente la rendición de cuentas sobre sus resultados, sus efectos colaterales y el balance entre seguridad y garantías fundamentales.
