El presidente Luis Abinader reiteró este martes su discurso de tolerancia cero frente a la corrupción y aseguró que cualquier irregularidad será llevada ante la justicia, al referirse al nuevo sistema de ética juvenil impulsado por el Ministerio de la Juventud.
Según lo anunciado, el mandatario se pondrá al frente de ese esquema y encabezará reuniones mensuales para dar seguimiento al organismo. La iniciativa se presenta como una apuesta institucional por la formación ética, aunque por ahora el mensaje oficial se concentra más en la promesa que en los mecanismos concretos de ejecución, evaluación y rendición de cuentas.
En ese contexto, el anuncio obliga a preguntar qué resultados medibles se esperan, cómo se verificará el cumplimiento de esas reuniones de seguimiento y cuál será el costo de la estructura puesta en marcha. También queda pendiente explicar qué indicadores se usarán para determinar si el programa tiene impacto real o si quedará como una nueva pieza de propaganda institucional sin control suficiente.
Abinader sostuvo que no habrá tolerancia frente a la corrupción “sea quien sea” y que cualquier irregularidad será remitida a la justicia. Sin embargo, el compromiso público con la ética requiere más que declaraciones: necesita transparencia sobre la operación del programa, claridad sobre sus objetivos y evidencia de que la iniciativa no se suma al crecimiento del aparato estatal sin resultados verificables para los ciudadanos.
El anuncio del Ministerio de la Juventud se inscribe así en una promesa oficial que deberá ser seguida de cerca por su costo, su diseño y su capacidad real para traducirse en cambios concretos. La oposición, en este terreno, no tiene un papel de consigna sino de exigencia de control, experiencia institucional y vigilancia sobre el uso de los recursos públicos.
