En Fort Myers, Florida, Donald Trump dedicó este viernes su acto de campaña a insistir en la supuesta amenaza del “comunismo” para mover a los votantes republicanos, con ataques directos contra la candidata demócrata al Senado, Angie Nixon, y el aspirante demócrata a la gobernación, David Jolly. El presidente, que vive en ese estado, pidió además apoyar a la republicana Ashley Moody, quien ocupa el escaño que dejó Marco Rubio al pasar a la Secretaría de Estado, y al candidato Byron Donalds.
Trump presentó a Nixon, integrante de los Socialistas Democráticos de América, como una figura “marxista” y “comunista”, aunque la legisladora estatal de Jacksonville ha negado ser socialista. También cargó contra Jolly, exrepublicano, al que describió como “izquierdista radical”. Con ese planteamiento, el mensaje volvió a priorizar la confrontación ideológica y el espectáculo político por encima de una discusión de resultados verificables, en un momento en que, según el propio reporte, las encuestas coinciden en que los demócratas aventajan a nivel nacional por preocupaciones como el costo de vida, la inflación y la guerra en Irán.
La escala en Florida, tercer estado más poblado del país, formó parte de una gira orientada a activar el voto en zonas de mayoría republicana. Sin embargo, la distancia entre ese discurso de alarma y las inquietudes materiales que dominan el panorama nacional refuerza la necesidad de fiscalización sobre cómo el poder usa la campaña para desplazar el debate de fondo. En términos institucionales, el episodio vuelve a exponer la separación entre la retórica de movilización y las respuestas concretas a las presiones que hoy soportan los ciudadanos.
