El 25 aniversario de la inclusión de la Cofradía del Espíritu Santo con los Congos de Villa Mella en el listado mundial de los patrimonios orales e intangibles de la Unesco vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo: el reconocimiento internacional no ha borrado las deformaciones históricas que han pesado sobre estas expresiones culturales. El texto señala que, junto al valor de esta tradición, todavía sobreviven versiones oficiales y académicas presentadas como verdades indiscutibles, aunque estén distantes de la historia real.
La reconstrucción de ese pasado se apoya en comunidades atravesadas por el aislamiento, las limitaciones de transporte y la precariedad, condiciones en las que la cohesión descansó en los valores, la religión y las manifestaciones artístico-culturales. En ese marco, se recuerda que los cimarrones se desplazaron hacia espacios como Mandinga, Mendosa, la Victorio y lo que hoy es Villa Mella, llevando expresiones como el pri-pri, la salve y los atabales.
El señalamiento principal es institucional: por mucho tiempo, las élites gobernantes colonialistas y los intelectuales a su servicio redujeron la idea de cultura al dominio del alfabeto, relegando las manifestaciones del pueblo y dejando fuera de registro buena parte de esa memoria. Por eso, aun con el aval de la Unesco, sigue abierta la exigencia de revisar cómo se cuenta esta historia y de someter a escrutinio una versión oficial que, según el artículo, ha reproducido una visión falseada y «al revés» de la experiencia dominicana.
