Un peaje en construcción de la Vía Panamericana, en el tramo entre Popayán y Cali, quedó destruido este sábado tras la colocación de explosivos por parte de un grupo no identificado en el sector de Mondomo, apenas un día después de la investidura del presidente colombiano Abelardo de la Espriella. La detonación arrasó con la infraestructura y obligó a restringir el tránsito por la vía, sin que por ahora se hayan reportado víctimas.
El episodio irrumpe en el inicio del nuevo Gobierno con un contraste inmediato entre el discurso de control y lo ocurrido sobre el terreno. Durante su posesión en Cali, De la Espriella había insistido en su propósito de combatir sin tregua al «narcotráfico, la delincuencia y la narcoguerrilla», y después del ataque aseguró en X que «no habrá refugio, no habrá contemplaciones y no habrá impunidad», además de afirmar que el Estado responderá «con toda su capacidad para recuperar el control del territorio».
La infraestructura atacada ya había sido objeto de acciones previas durante protestas indígenas y estaba en la última fase de reconstrucción, lo que vuelve a poner el foco sobre la fragilidad de obras clave y el costo ciudadano de la violencia sobre la movilidad. Aunque la investidura del viernes transcurrió sin incidentes y el nuevo Gobierno celebró en Cali su primer consejo de seguridad, el atentado instala desde el primer día una alerta institucional sobre la capacidad oficial para convertir las promesas en resultados verificables.
