El santoral del 8 de agosto reúne a obispos, fundadores de órdenes religiosas, ermitaños y mártires que dejaron huella en la historia del cristianismo. La jornada se centra en figuras ligadas a la formación, la defensa de convicciones y la vida institucional de la Iglesia.
Entre los nombres principales destaca Santo Domingo de Guzmán, nacido hacia 1170 en Caleruega, en el reino de Castilla, y fundador de la Orden de Predicadores, conocida como la Orden Dominicana. El calendario litúrgico subraya su apuesta por el estudio, la enseñanza y la predicación como vías para fortalecer la fe. En el marco de su misión recorrió regiones de Europa combatiendo las herejías mediante el diálogo y no la violencia. En 1216 obtuvo la aprobación pontificia para la nueva orden, que después se consolidó como una de las instituciones religiosas más influyentes de la Iglesia. Murió en Bolonia en 1221 y fue canonizado trece años más tarde.
La fecha también recuerda al beato Antonio Silvestre Moya, sacerdote diocesano que ejerció en la provincia de Valencia y permaneció junto a los fieles durante la persecución religiosa en España en la década de 1930. Fue detenido y asesinado por odio a la fe durante la Guerra Civil Española. La Iglesia lo reconoció como mártir y lo beatificó junto a otros religiosos. Cierran la jornada San Altmano de Passau, impulsor de la reforma del clero y de la vida monástica en Austria, y San Emiliano de Cízico, obispo del siglo IX vinculado a la defensa del culto a las imágenes sagradas durante la controversia iconoclasta.
