El caso de Isabella Espinal volvió a colocar bajo escrutinio una realidad que sigue sin respuestas claras para muchas mujeres en las calles y parques de RD: cuándo una conducta deja de ser presentada como “piropo” y pasa a ser acoso. A partir de su video en Instagram, la joven denunció en primera persona el abordaje de hombres hacia mujeres que no tienen interés en ese contacto y pidió: “Queremos estar en paz.
Déjennos en paz”. El audiovisual alcanzó cerca de 30 mil “Me gusta” y casi 6 mil comentarios. Ante la controversia, el periódico Hoy consultó a abogados, psicólogos, comunicadores y defensoras de los derechos de las mujeres. Las respuestas recogidas reflejan que no existe una visión única: mientras algunos especialistas sitúan el consentimiento como elemento determinante, otros plantean que también deben evaluarse el contexto cultural y la reiteración de la conducta antes de catalogarla como acoso. Lejos de cerrar la discusión, esa falta de consenso deja en evidencia la necesidad de mayor fiscalización social e institucional sobre un problema que impacta la convivencia diaria.
El episodio, amplificado desde redes sociales, vuelve a mostrar el contraste entre un debate público intenso y la ausencia de criterios compartidos que den certezas a las ciudadanas sobre los límites de estas conductas y sobre cómo proteger su derecho a transitar en paz.
