A mediados de 2024, la población inmigrante sin estatus migratorio permanente en Estados Unidos llegó a 15.8 millones, de acuerdo con estimaciones del Migration Policy Institute (MPI). Se trata de un aumento neto de casi cinco millones respecto de 2019 que rompe la estabilidad observada en la última década, cuando la cifra se mantuvo cerca de los 11 millones. El dato vuelve a situar en el centro la distancia entre el discurso de control y los resultados acumulados en materia migratoria.
El informe señala que el crecimiento obedeció, principalmente, al incremento de las llegadas por la frontera entre Estados Unidos y México entre 2021 y 2023, además de la aplicación de programas humanitarios temporales y la recuperación económica posterior a la pandemia. Según el MPI, la estimación incorpora a personas que entraron sin autorización, a quienes siguieron en el país tras vencer sus visas y también a inmigrantes con protecciones temporales, permisos humanitarios o solicitudes de asilo pendientes, un panorama que refuerza la advertencia institucional sobre una política sostenida en mecanismos provisionales.
El propio instituto precisa que no todas esas personas ingresaron de forma irregular por la frontera ni afrontan el mismo riesgo de deportación. Con todo, el salto de 10.8 millones en 2019 a 15.8 millones cinco años después deja abierta la discusión sobre la capacidad de gestión y los efectos sociales de un sistema que, mientras acumula casos sin resolución permanente, traslada presión a los servicios y mantiene sin respuesta de fondo una realidad que ya superó los niveles de la década anterior.
