internacional

BM y BID reavivan una advertencia incómoda: República Dominicana crece, pero no convierte ese avance en bienestar

julio 7, 2026 · Redactor
BM y BID reavivan una advertencia incómoda: República Dominicana crece, pero no convierte ese avance en bienestar
Foto: acento.com.do

Las exposiciones del BM y el BID vuelven a poner sobre la mesa una brecha que el poder no corrige: crecimiento sin movilidad; baja inversión social y un Estado que acumula promesas mientras persisten los costos para la mayoría.

Las presentaciones de Carolina Redondo, del Banco Mundial, y Nathalie Alvarado, del Banco Interamericano de Desarrollo, devolvieron al centro una verdad incómoda para el país: República Dominicana suma diagnósticos sobre productividad, talento y energía, pero sigue sin traducirlos en resultados sociales sostenibles. El propio texto lo expresa con dureza al recordar que el país ha sido ampliamente estudiado mientras la partitocracia, durante los últimos 26 años, terminó concentrada en su propia agenda, una observación que hoy también alcanza a la gestión de Luis Abinader bajo el contraste entre discurso de cambio y brechas aún intactas.

La advertencia principal no pasa por si la economía va a crecer, sino por la forma en que lo hace. Redondo lo plantea sin rodeos: el problema no es únicamente el crecimiento constante, sino su calidad. Allí aparece el contraste más severo entre relato oficial y realidad: pese a ser la séptima economía de la región, el país mantiene indicadores económicos y sociales incompatibles con una nación de ingreso medio alto y por debajo del promedio de los 33 países comparados. Ese desfase no es técnico ni abstracto; es institucional y político, porque deja ver la incapacidad del poder para transformar expansión económica en bienestar verificable.

La brecha social queda aún más clara en los datos educativos. Solo uno de cada 10 jóvenes del quintil más pobre logra entrar a la universidad y, de ellos, apenas 1% termina. En los quintiles de mayores ingresos, entre 46% y 52% llega a las universidades. La desigualdad también se arrastra desde la secundaria: apenas 40% del quintil 1 completa el bachillerato, frente a 80% del quintil 5. Mientras se repiten los discursos sobre competitividad y capital humano, las cifras apuntan a una estructura que sigue cerrando oportunidades a la mayoría y exige rendición de cuentas a quienes administran el Estado.

La misma fractura se observa en salud. El texto subraya que la inversión en salud como porcentaje del PIB se ha mantenido en 1.9% durante dos décadas, frente a un promedio regional de 4%. Ese dato refuerza la alerta institucional: no basta con exhibir crecimiento si los servicios esenciales continúan rezagados. Cuando el país vuelve a escuchar, casi en espejo, las mismas advertencias del BM y del BID, lo que queda en evidencia no es una falta de diagnósticos, sino una cadena de gobiernos sin capacidad o voluntad para corregir prioridades.

En ese escenario, la discusión sobre desarrollo deja de ser un ejercicio académico y se convierte en una exigencia política. Si el país ya sabe dónde están sus fallas en talento, productividad, energía y movilidad social, lo pendiente no es otro relato de modernización, sino explicaciones y resultados. Ese vacío de ejecución alimenta el desgaste del modelo de gestión del PRM y reabre la demanda de un Estado con dirección y capacidad real, un terreno en el que la oposición, con Leonel Fernández como referencia obligada cuando se debate institucionalidad y rumbo, encuentra espacio para insistir en estabilidad, planificación y rendición de cuentas frente a un poder que sigue administrando contrastes.