El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos vació por completo en Florida el centro temporal de detención de inmigrantes conocido como el «Alcatraz de los caimanes», luego de confirmarse que sus estructuras de lona y metal no soportarían vientos ciclónicos severos. La decisión, tomada al comienzo de la temporada de huracanes en el Caribe y el Atlántico, obligó a trasladar a los detenidos a otros establecimientos penales del país.
La clausura vuelve a colocar bajo la lupa una infraestructura levantada con carácter exprés en apenas ocho días sobre un terreno rodeado por los humedales de los Everglades. Hasta abril, el campamento albergaba a más de 1,300 personas y ya sumaba fuertes denuncias internacionales por sus condiciones. Mantenerlo en funcionamiento implicaba un gasto diario de un millón de dólares en fondos estatales y federales.
Pese a que el gobernador Ron DeSantis defendió la clausura al asegurar que la instalación siempre fue temporal y que cumplió una función estratégica para contener los flujos migratorios irregulares, la evacuación por amenaza climática y el rechazo de defensores de derechos humanos y ambientalistas refuerzan las dudas sobre el costo, la planificación y la sostenibilidad de un recinto que terminó cediendo ante un riesgo previsible en Florida.
